El aparecido

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Después de varias semanas sin detergente en las tiendas de la ciudad finalmente aparece en una de las que hay cerca de mi casa. Por mi lado pasó una señora gritando que solo daban 20 por persona. Está rápida la cola van pasando de cinco en cinco, dijo a toda voz otra mujer a una amiga que le saludaba desde un balcón. Luego pasé por el costado de la tienda y pude ver a mucha gente esperando. Entonces vi a un hombre que venía vendiendo papas y le compré una jaba. Todavía tengo detergente. Me fui a casa tranquila de no tener que hacer esa cola.

La estatua de un viejo

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Hoy me encontré con una estatua viviente en la Habana Vieja. Los que se acercaban se sorprendían al descubrir que se movía. Mi hija le puso un peso en la bolsa y comenzó a moverse, al final ella recibió un corazón recortado de papel, no quería irse y cuando la estatua se quedó quieta ella me pidió otro peso. Él hizo otro movimiento y esta vez le dio una tira de papel con un hombrecito pintado a crayola. La última vez recibió un dibujo en una hoja de papel entera. Igual no quería irse de ahí. Entonces la estatua comenzó a hablar diciendo: “no se deben tirar papeles al piso porque cada papel que tiramos al suelo nos roba algo del brillo de nuestro ojos y quedamos entonces con la mirada opaca, eso me lo dijo un viejo”. Hubo un niño que quiso retratarse y él le cogió la mano. Cuando la mamá tiró la foto la estatua no quería soltarlo. La mamá le puso un peso en la bolsa y la estatua lo soltó y se movió de nuevo. Todos los presentes se rieron.