La estatua de un viejo

Hoy me encontré con una estatua viviente en la Habana Vieja. Los que se acercaban se sorprendían al descubrir que se movía. Mi hija le puso un peso en la bolsa y comenzó a moverse, al final ella recibió un corazón recortado de papel, no quería irse y cuando la estatua se quedó quieta ella me pidió otro peso. Él hizo otro movimiento y esta vez le dio una tira de papel con un hombrecito pintado a crayola. La última vez recibió un dibujo en una hoja de papel entera. Igual no quería irse de ahí. Entonces la estatua comenzó a hablar diciendo: “no se deben tirar papeles al piso porque cada papel que tiramos al suelo nos roba algo del brillo de nuestro ojos y quedamos entonces con la mirada opaca, eso me lo dijo un viejo”. Hubo un niño que quiso retratarse y él le cogió la mano. Cuando la mamá tiró la foto la estatua no quería soltarlo. La mamá le puso un peso en la bolsa y la estatua lo soltó y se movió de nuevo. Todos los presentes se rieron.

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