Un paso peatonal

En la calle hay muchos policías. Hace un par de días por la mañana yo subía la calle “La Rampa” montada en un P16. Cuando la guagua pasó por el frente del Coppelia un policía paraba a una señora mayor cuando intentaba cruzar la calle a unos metros del paso peatonal. Por sus gestos pude entender claramente que le explicaba que no podía cruzar por fuera de lo señalado.

Al final le puso una multa. La señora firmó y en eso arrancó la guagua de nuevo. No soporto el abuso. Bien que podía haberle explicado qué era lo correcto. Igual me caen mal, son muchos y son policías.

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El chico del periódico

El día 14 de mayo al cruzar la calle G me llamó la atención un grupo de policías y otros oficiales vestidos de verde. Al caminar tres o cuatro cuadras, llegando al Coppelia vi otro grupo, todas mujeres. Más tarde llegando a la rampa vi otro grupo que no pude fotografiar. Estuve a punto de preguntarles si pasaba algo. Nunca supe si era algo ingenuo como un paseo de amigos después de clases o un operativo organizado. Me quedé con la duda y con las fotos. También encontré otras cosas que llamaron mi atención. Un par de gatos, un grafiti y una marquesina.

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1ro de Mayo

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Es natural que los pueblos reclamen a sus gobiernos sus inconformidades sin embargo nosotros en Cuba tenemos una aparente comprensión y una inagotable paciencia. El asunto se hizo evidente este 1ro de Mayo cuando de nuevo en el Noticiero Nacional de Televisión vimos a nuestro pueblo desfilar contento y entusiasta a la vez que por todo el mundo se vivieron protestas que en algunos casos fueron reprimidas por la policía. ¿Será que a los españoles, los griegos, los portugueses y a los europeos todos les falta paciencia para marchar alegres con sus presidentes comprendiendo que ellos “tienen las manos atadas” o será que nosotros no sabemos exigirle a nuestro gobierno y por eso lo justificamos?

La respuesta a esto puede estar en el post de Reynaldo Escobar “Las conquistas del proletariado” pero conociendo su tendencia a la ironía diría que no. Somos un pueblo inconforme, indignado pero que al “llamado de la patria” sabe dejar en casa la inconformidad y la indignación para regalarnos cada año la aburrida imagen de un pueblo contento y entusiasta. Es antinatural pero responde al más elemental sentido de conservación. Recuerden que por aquí estamos en la selva y todos tratamos de sobrevivir.