Tropezar con absurdos

Aunque parezca increíble en menos de una semana he tropezado con absurdos extremos que todos contemplan con la mayor conformidad. Espantada tiro mi foto pero termino sumándome al coro de silencio.

Bajando por una calle del municipio Playa me encuentro una cadeca sin moneda nacional, pasan dos días y veo un estanquillo de periódicos que ofrece “prensa vieja”. Pasan dos, tres días… voy al banco y no hay electricidad. Salgo a la avenida a buscar una guagua para irme a otro banco y los choferes en un acto de infinita crueldad se ponen de acuerdo para no abrir las puertas. Paran y se quedan ahí un rato. La gente se aglomera frente a la puerta con la inocente esperanza de que abran y al rato la guagua parte sin haber recogido ni una sola persona.

Fue difícil pero mi voz logró salir y mi cerebro articuló una frase: “usted es una mala persona, un hombre muy cruel”, le dije al chofer al tiempo que él arrancaba y se alejaba dejándonos ya sin esperanza alguna.

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Acércate más

Un sábado normal. A media mañana salir al mercado y buscar lo que hace falta en la casa. Hasta que al llegar al mercado de 37 y 6 en el barrio de “la timba” me encontré en la mismísima entrada a un grupo musical que estaba tocando. Enseguida me llamó la atención que había muchos oficiales del Minint, en la decoración el toque del CDR. Pancartas, afiches de Fidel, su ya célebre definición de Revolución y, como es natural, la bandera cubana.

La gente se agrupaba alrededor, algunos bailaban y yo me preguntaba de qué se trataba todo aquello. Me acerqué a uno de los oficiales y le pregunté si él sabía algo. El hombre me explicó que se trataba de un proyecto que se llama “acércate más” que tiene el objetivo de acercar a los internos de las prisiones a los barrios.

Todavía no encendía mi cámara. Estaba en la fase “ama de casa que va al mercado”. De pronto mi espíritu de reportera me hizo sacar el teléfono y filmar algunas escenas. Volví a interrogar a uno de los oficiales, esta vez a una mujer, para dejar grabado el nombre de este proyecto.

No les pongo mi impresión porque no me gusta influir en las suyas.

Al final cuando terminaron de tocar un muchacho del barrio se acercó a uno de los internos y lo saludó. Intercambiaron unos segundos y antes de despedirse de él le compró una caja de cigarros y se la dio en sus manos. Todos bailaron y escucharon. Este muchacho entendió que había que hacer un poco más. Posiblemente el también estuvo preso y conoce muy bien el valor de una caja de cigarros. Fue el gesto más lindo que vi por todo eso, solo aquel joven entendió el nombre de ese proyecto.